marzo 04, 2008

La "oficialidad" en el fútbol

La polémica desatada por los goles que Martín Palermo y Francisco Varallo convirtieron para Boca puso sobre el tapete un tema sobre el que existe gran ignorancia en general no sólo entre el público de fútbol, sino también, como quedó claro en varios artículos publicados al respecto, de parte de los propios periodistas que escriben sobre este deporte: qué torneos deben considerarse “oficiales” y cuáles no.
Gimnasia y Esgrima La Plata de 1929. Ganó un torneo oficial no regular de Primera, llamado “Copa Estímulo”. Como ese año el certamen tradicional no se jugó por falta de tiempo, se lo considera entre los campeones de la competencia regular.
La respuesta, como casi siempre ocurre en cuestiones futbolísticas, es mucho más simple y clara que lo que parece. Pero, para que no queden dudas al respecto, es conveniente antes ver qué dice la Real Academia Española sobre el significado de la palabra “oficial”, por supuesto descartando aquellas acepciones que no consideren a ese término como adjetivo:
1. Que es de oficio, o sea que tiene autenticidad y emana de la autoridad derivada del Estado, y no particular o privado. Documento, noticia oficial
2. Dicho de una institución, de un edificio, de un centro de enseñanza, etc.: Que se sufragan con fondos públicos y están bajo la dependencia del Estado o de las entidades territoriales.
3. Dicho de un alumno: Inscrito en un centro oficial, y que asiste a las clases.
4. En estilo cortesano, oficioso, hacendoso, cuidadoso.
Primera sorpresa para muchos: a la hora de hablar de torneos organizados por la AFA o sus antecesoras, la palabra “oficial” sólo debería usarse así, entre comillas, o en sentido figurado, dado que no emanan de ninguna autoridad derivada del Estado ni de una institución que se sufrague con fondos públicos o esté -al menos normalmente, ya que de algún modo sí lo estuvo durante las intervenciones que sufrió- bajo la dependencia de las autoridades territoriales.
Segunda sorpresa (también para muchos): "oficial" no es sinónimo de "importante" ni de "tradicional", como algunos creen o quieren hacer creer diciendo que sólo debe considerarse "oficiales" a aquellos certámenes con los que el público está más familiarizado, o bien a los que mantienen cierta continuidad en el tiempo.
Concretamente, y tal como lo entiende la mayoría de los investigadores y estadígrafos de este deporte a nivel mundial, el carácter de "oficial" de una competencia futbolística deviene del mismo, único y simple requisito que el de un documento, una institución o una información: el emanar de la autoridad pertinente, o bien recibir de ella el reconocimiento como tal.
En el caso del fútbol, entonces, será "oficial" todo certamen organizado o así reconocido por el ente encargado de controlar la actividad futbolística en el ámbito en que esa competencia se desarrolle. Es decir, por las distintas asociaciones y confederaciones afiliadas a la FIFA o bien directamente por la propia FIFA, según sea el torneo nacional, continental o mundial.
Por ejemplo, un torneo internacional sólo podrá ser considerado “oficial” en caso de ser o haber sido organizado por la FIFA o por una confederación como, para el caso de Sudamérica, la CONMEBOL, y no si fue jugado por simple acuerdo de dos asociaciones nacionales como la célebre “Copa Río de La Plata” que hasta los años ’50 disputaban los campeones de Argentina y Uruguay.
Por más que figuren en las memorias y balances de una y otra asociación, efectivamente, esos enfrentamientos deben ser considerados como “internacionales amistosos” y no “oficiales”, ya que la oficialidad en el ámbito internacional nunca puede darla un organismo que no rija o sirva de autoridad en ese terreno.
Para el caso de la Argentina, la cuestión también es -o debiera ser- muy simple: se puede llamar “oficial” a todo torneo que haya sido organizado o al menos reconocido como tal por la AFA o alguna de las asociaciones que la antecedieron y que la propia AFA reconoce como sus antecesoras.
En contraposición, serían “no oficiales” todos aquellos torneos organizados por simple acuerdo de los clubes que los protagonizaron o por terceros que no sean la AFA y los anteriores entes que rigieron al fútbol argentino. El más acabado ejemplo de este tipo de competencias son los tradicionales “torneos de verano”, que no organiza la AFA sino una empresa productora de eventos.
Así como esos certámenes veraniegos no deben ser considerados “oficiales”, sí tienen que serlo de acuerdo a la definición vertida muchos otros a los que habitualmente se niega tal calificación, o cuya “oficialidad” se pone en discusión por el hecho de haber sido torneos “especiales” o “menores”, de los que en algunos casos se jugó solamente una edición.
A esa categoría corresponden, entre muchos otros, la denominada “Copa Suecia”, jugada durante el Mundial ’58 pero cuya final Atlanta ganó recién en 1960, y aquellos certámenes en los que Varallo marcó los 14 goles que según algunos no deben computársele: la Copa Competencia, la Copa de Honor Beccar Varela y la Copa Adrián Escobar.
Todos esos torneos fueron organizadas por la AFA o sus antecesoras, por lo que más allá de su importancia (tema que da para una discusión aparte) no puede haber dudas: deben ser considerados “oficiales”.
Para saber si un torneo fue “oficial” o no, en definitiva, basta con comprobar su inclusión en la reseña de la actividad de cada año publicada en los boletines, las memorias y balances u otras comunicaciones de la asociación encargada de brindar la “oficialidad” del caso, fuentes que sin duda representan las mejores a chequear y las únicas inapelables a estos fines.
Por supuesto que una cosa es un torneo “oficial” para clubes de Primera organizado esporádicamente o como complemento extra de la programación habitual, y otra muy distinta “el” torneo de Primera tradicional o que una asociación organiza regularmente. Es por eso que, a fines de no extraer conclusiones equivocadas, resulta necesario brindar por separado las estadísticas referidas a uno y otro tipo de certámenes, por más que ambos sean “oficiales”.
No es correcto, por ejemplo, decir que Atlanta fue campeón del torneo “de Primera” por haber ganado la Copa Suecia. Sí lo es, en cambio, incluirlo entre los ganadores de torneos de Primera “no regulares”, que es como son y deben ser presentadas aquellas competencias “especiales” que se jugaron bajo la tutela de las asociaciones rectoras del fútbol argentino. Eso sí: todas, tanto esas como las “regulares”, deben ser consideradas “oficiales”.
En el caso de las estadísticas referidas a futbolistas, tampoco es atinado mezclar los registros correspondientes al campeonato “regular” de Primera con los de otros torneos. Sobre todo porque, al hacerse eso, corren con clara ventaja aquellos que tuvieron la suerte de jugar más copas o competencias “extracurriculares” que otros.
Así, al perder el principio básico de ecuanimidad que debe guiarla, ninguna estadística sirve para lo que realmente debe servir; vale decir, como “medio para” obtener conclusiones o comparaciones realmente válidas, y no como un fin en sí misma.
Claro que esa forma inconducente de "mezclar sandías con melones" es aún más injusta y mentirosa cuando, por intereses, interpretaciones erróneas o falta de conocimiento del tema, se la aplica en forma despareja. O sea, cuando a algunos se les computan “sandías y melones” y a otros solamente una de las dos “frutas”, pese a que tienen de ambas en el “carrito”.
En definitiva, si “porque son oficiales” a Palermo se le toman en cuenta también los goles que convirtió para Boca por copas internacionales como la Libertadores, y no sólo los que hizo en el campeonato de Primera División de la AFA, a Varallo deben computársele los que hizo en los torneos “no regulares” de Primera en los que participó. Porque “oficiales” son todos.